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De Quimeras y Ensoñaciones

sin título

Era de día, un día limpio en la ciudad, esa ciudad de todos y que no pertenece a nadie, donde todo es ruido y tráfico y una sirena grita y otra le responde en la cercanía cual eco de valle y una calle, un asfalto se llena de sangre, y un río rojo baja despacio, muy despacio, hasta filtrarse en las alcantarillas y un camión lleno de arena en medio de la vía está durmiendo el sueño de la culpa, de la culpa de la muerte.

Y una canción se oye, caos y gritos, carreras y sirenas, curiosos y el morbo popular se agrupa en torno a la tragedia, a la punta de ese iceberg que se ve de vez en vez al pasear por las calles impersonales.
Y la gran manzana se colapsa, el ritmo decrece; tan solo un incidente más, unos comentarios de bares y el vuelo de palomas negras.

Un triunfador

Lo siguiente lo recibí por e-mail.

Cuando el egoísmo no limite tu capacidad de amar.
Cuando confíes en ti mismo aunque todos duden de ti y dejes de preocuparte por el qué dirán.
Cuando tus acciones sean tan concisas en duración como largas en resultados.
Cuando puedas renunciar a la rutina sin que ello altere el metabolismo de tu vida.
Cuando sepas distinguir una sonrisa de una burla, y prefieras la eterna lucha que la compra de la falsa victoria.
Cuando actúes por convicción y no por adulación.
Cuando puedas ser pobre sin perder tu riqueza y rico sin perder tu humildad.
Cuando sepas perdonar tan fácilmente como ahora te disculpas.
Cuando puedas caminar junto al pobre sin olvidar que es un hombre, y junto al rico sin pensar que es un dios.
Cuando sepas enfrentar tus errores tan fácil y positivamente como tus aciertos.
Cuando halles satisfacción compartiendo tu riqueza.
Cuando sepas obsequiar tu silencio a quien no te pide palabras, y tu ausencia a quien no te aprecia.
Cuando ya no debas sufrir por conocer la felicidad y no seas capaz de cambiar tus sentimientos o tus metas por el placer.
Cuando no trates de hallar las respuestas en las cosas que te rodean, sino en Dios y en tu propia persona.
Cuando aceptes los errores, cuando no pierdas la calma, entonces y sólo entonces, Serás... ¡UN TRIUNFADOR!

Cuento para niños

- ¿Queréis que os cuente un cuento bonito, un cuento de ogros y brujas?
- ¡Sí! ¡Si! - gritaron todos los niños a coro en su derredor-
- Bien, empieza como empiezan todos los cuentos del mundo, érase una vez, hace mucho, muchísimo tiempo en un país muy lejano vivían.... ¿Quiénes os gustaría que viviera? ¡Ya se! , una princesa muy hermosa que se llamaba...... ¿Cómo queréis que se llame?
- ¡Rosa! ¡Paloma! ¡ Margarita! ¡Azucena! ¡Flor! ¡Belén!
- ¡uh!, Rosa, Margarita, Azucena, veo que os gustan las flores y ya que estamos sentados en este precioso campo de amapolas, su nombre será ese, princesa Amapola. También debe de haber un príncipe, no, no,.... dime, María, ¿qué será?
- Quiero que sea... ¡panadero! Como mi padre
- Nuestro príncipe, no será príncipe, será panadero y su nombre será ¿os acordáis de Peter Pan?. Pues su nombre será solamente Pan.
- ¡Oh sí! ¡Empieza ya, por favor!
- Debéis estar en silencio y no interrumpir, ¿de acuerdo?. La princesa vive donde viven todas las princesas de los cuentos, en un palacio muy bonito. El cuento empieza cuando Pan va a llevar los panes que él ha hecho, al palacio. La princesa pasea en su jardín de rosas de muchos colores y Pan la ve a través de unos altos setos que rodean el jardín del palacio, ¿sabéis que pasó entonces? , Pues que Pan , al ver la hermosura de la princesa se enamoró de ella nada mas verla.
- ¿Cómo podía saberlo? ¡Di! Si no la había visto nunca
- Eso ocurre en todos los cuentos, Margarita, cuando crezcas lo entenderás.
- Yo creía que era un cuento para niños
- Seguiré. La princesa paseaba por su jardín y se acercó a una rosa, y como le gustaban mucho la cortó con la mano, pero se pinchó con una de sus espinas, y la dejó caer al suelo. Cuando la princesa se hubo ido, Pan entró en el jardín y cogió la rosa, en su tallo había una gota de sangre y para que no volviera a hacer daño a nadie mas, le arrancó todas las espinas, pero entonces aparecieron los guardianes del jardín de la princesa y se llevaron a Pan.
- ¿Por qué? . Él no había hecho nada malo.
- Ellos no lo sabían y su obligación era la de detener a todos lo que entraran en el jardín de la princesa sin su permiso. Le llevaron ante la princesa Amapola y esta le preguntó que qué hacía en su jardín.
- Yo os vi pasear y coger una rosa de vuestro jardín y queriendo tener la rosa que han tocado vuestras manos no dudé en saltar el seto y tenerla a mi lado. Vi como os habíais pinchado con ella y para que no pudiera volver a hacerlo le arranque todas las espinas, esta rosa es vuestra y os pertenece porque es de vuestro jardín, tomadla.
- No. Es vuestra, yo os la doy, ya que tan gentilmente la habéis cogido
- ¿Sabéis que pasó entonces? . Pues que amapola se puso a llorar y dos lágrimas rodaron por sus encantadoras mejillas. Pan se sorprendió mucho y no supo que decir, así que se calló y no dijo nada. Fue la princesa la que habló.
- Estoy triste porque no soy feliz.
- Yo soy feliz, porque poseo muchas cosas que vos no tenéis. Vos tenéis pájaros maravillosos que os regalan con sus trinos sus canciones mejores, pero están enjaulados, a mí, sin yo pedírselo, me cantan las gallinas, los gorriones, los gatos, ya sé que ellos son muy comunes y nada maravillosos, pero al sentirlos felices, yo lo soy también. Coméis ricos manjares que os sirven en la mesa, yo soy feliz porque sólo como pan, mermelada y cosas muy comunes que yo mismo trabajo y crío y por eso me saben mejores. Tenéis muchos criados, que os sirven antes que se lo pidáis, yo sólo tengo amigos que no cobran dinero, pero que me sirven mejor con su amistad. Tenéis un jardín lleno de rosas sin igual, pero yo tengo al mundo entero y cada día es nuevo y diferente y hay pequeñas cosas que tal vez no despiden fragancias, pero que se pueden cortar para regalárselas a las damas.
- Yo soy una princesa y no puedo dejar de serlo, y tú has cometido una falta al entrar en mi jardín, tenéis mi perdón, pero quisiera ir contigo un día y una noche, y ser una dama de esas a las que se le regalan rosas y son felices porque no poseen lo que yo poseo
- Princesa, cuando dispongáis
- Esta noche burlaré la guardia y aunque sólo sea por unas horas, ayudadme a ser feliz
- Y así sucedió que esa noche, Amapola saliera del palacio, y se encontró con Pan que ya la esperaba
- Mirad, las estrellas, la luna, el firmamento ¿No encontráis , princesa, que todo eso es grandioso?
¿Que allá, y allá y mas allá hay otro cielo, siendo siempre el mismo?
- Siento una cosa extraña ante tanta inmensidad, me siento como una cosa pequeña, diminuta que quisiera saberlo todo de todas las cosas y conocer cada rincón del mundo que se extiende ante mí.
- Buscáis la belleza y en vuestro palacio no la encontraréis porque no la buscáis
- Mi piel va sintiendo la caricia del viento y mis labios se empapan de la libertad ¿Qué puedo hacer para disfrutar de ella? ¿Debo comprarla con oro, joyas, palacios?
- Sí. Para conseguirla debéis regalar todo lo vuestro y quedaros con el mundo a cambio
- ¿Cómo podrá ser eso?
- Cuando no poseas nada, entonces todo será vuestro, porque al poseer os sentís ligado a la cosa poseída, y unas piedras amarillas y unos cristales que brillan no sirven para nada ¿Para que vais a depender de piedras? Buscar a vuestros semejantes y ligaros a ellos, a su amistad. Eso es más bello
- Os creo y entiendo
- ¿Qué pasó después? ¿Ya se ha acabado el cuento? ¡No me ha gustado!
- La princesa regaló todo lo que tenía y se caso con Pan, desde entonces supo apreciar mucho mejor las cosas sencillas y fue feliz, porque encontró la belleza, la amistad y a una persona que le regalaba rosas del campo, donde se podían contemplar y cortar.

Todo lo que no hagas .....

A un periodista le enseñaron en la facultad que todo lo que él no hiciera quedaría eternamente sin hacer.
A un escritor le dijeron que todo estaba ya escrito, que nadie lee a nadie y sin embargo lo que tú no digas, lo que tú no escribas, quedará eternamente sin decir, quedará eternamente sin leer, quedará eternamente sin escribir.
Quisiera que nada quedara eternamente sin hacer, sin embargo queda tanto.
Me gustaría morir siete veces siete.
Una de viejo, otra a los quince años y otra y otra y otra vez, para que nada quedara eternamente por hacer.

El padre de la residencia de ancianos

Hay niños que tienen corazón de viejo, por eso yo admiro a los viejos que tienen corazón de niño.
Todos le llaman padre, lleva una camisa de cuadros, una chaqueta gris y unos pantalones casi blancos.
Para sus visitas tiene una bicicleta.
Sale de la residencia y dice adiós a los que ve en el jardín.
-Adiós padre, hasta mañana.
-Puede usted decirle a la señora Amelia......
-¿Cómo dice, padre? Espere un poco que llegue hasta allí
Para unos pies viejos, varios metros son como docenas, y un grito es como una voz alta
- Que si usted puede decirle a la señora Amelia.....
- ¿Y donde para esa señora?
- Esta en la sala de cuidados, en la planta segunda
-Entonces debe estar grave esa señora
-No, no está grave, pues dígala que hay toros.
- Y dice usted que esta en la sala de cuidados, segunda puerta.
- Si, ahí es, pues dígales que le hagan poner la televisión para que los vea
- Y cuando dice usted que son, padre
-Son a las doce menos cuarto
-¿A las doce menos cuarto, dice ?
-Si, apenas quedan cinco minutos
-Muy bien padre, yo se lo diré ¿Cómo dice usted que se llama esa señora?
-Señora Amelia
- Muy bien padre, la señora Amelia de la sala de cuidados y en la segunda puerta, yo se lo diré. Adiós padre, hasta mañana.
El padre regresa montado en su bici y en la carretera un anciano que pasea le saluda.
-Hola padre, ha venido usted a tomar un poco el aire por aquí, pues muy bien, adiós padre.
Y la rueda sigue rodando con él, con el padre de la Residencia de ancianos.

Un granito de polen

Un día dos sabios encontraron a un simple campesino y le preguntaron muchas cosas, a las que él iba contestando sencillamente.
¿Qué es la libertad? – Un sueño de muchos hombres, hecho realidad para muchos hombres. Libertad es cuando las nubes dejan escapar la lluvia, cuando la semilla deja brotar la planta, cuando el agua del río circula por su cauce sin ninguna prisa, cuando las golondrinas van y vienen sin miedo
¿Qué es el perdón? – Es saber amar reconociendo los defectos de los demás.
Perdonar es no arrancar las hierbas malas del camino, es no disparar contra los pájaros que se comen los sembrados, es no enfadarse cuando llegan las tormentas, es caminar por el camino de tu vecino.
¿Qué es la Fe? – Creer en algo con la fuerza del corazón, con toda la pasión.
La Fe es creer en las buenas cosechas, es recoger el trigo antes de que caiga el granizo, es saber que lloverá cuando se necesita el agua y que hará calor cuando llegue el verano, es creer que va a nevar por Navidad.
¿Qué es la amistad? – Algo que nunca se ha de acabar, como el fuego del volcán.
La amistad es saber esperarlo todo de un pobre borriquillo, es morir defendiendo a un perrito que se está ahogando, es darle todo a los hombres que te piden un poco, es querer.
¿Qué es la soledad? – Tristeza y desamparo, sin una mano que tomar.
La soledad es ver los campos sin labrar, es ver los nidos de golondrinas colgados del tejado sin sus polluelos, es ver los cauces de los ríos sin su agua, es mirar al cielo y no ver ni luna, ni sol, ni nubes, ni estrellas.
¿Qué es el amor? – Una sinrazón, una espina clavada en el corazón, una exaltada pasión. El amor es lo que siente una madre por su hijo, es lo que buscan los cervatillos en sus mayores, es lo que se dicen en los cuentos de los niños sobre príncipes y sastrecillos, es dar todo y quedarse con la mitad de nada.
¿Qué es la compasión? – Un sentimiento por el dolor de alguien como tú o como yo.
Es saber que los campos del vecino se han quemado y no tienen que comer, es ver como un pobre conejito ciego quiere encontrar un poco de hierba verde, es sentir algo por el que no tiene nada, es no reír cuando los demás lloran
¿Qué es el cariño? – Un barco de azúcar navegando sobre un mar de miel.
El cariño es una forma de amor, es cuando los pájaros pían buscando a sus madres que les buscan a ellos, es cuando las madres gatas pasan su lengua áspera sobre la cara de los gatitos, es una forma de decir lo que se siente.
¿Qué son los recuerdos? – Realidades pasadas que nunca, nunca se han de volver a presentar. El recuerdo es saber que hubo alguien que estaba a tu lado, es querer que vuelvan los años de buenas cosechas, es haber dejado atrás cosas hermosas y menos hermosas, es saber que el hoy se convertirá en recuerdo mañana
¿Qué son los suspiros? – Son cosas que se inventaron los poetas.
El suspiro es algo que brota de dentro hacia fuera, una semilla pequeña cualquiera, los rayos de nuestro magnánimo astro, las gotas de lluvia que dejan caer a su paso las nubes del cielo.
¿Qué es la vida? – Un río, un sueño, un futuro siempre deseado. La vida lo es todo, estos árboles que no hablan, estas flores que se marchitan, la mariposa que vuela, los trigos que nos dan el pan de cada día, hay vida en la risa de los niños, en los caprichos de los mayores, en el fondo del mar, en el fondo de los ríos, en la cima de las montañas, debajo de la tierra.
Los dos sabios bajaron la cabeza y andando lentamente se fueron, uno se volvió hacia el campesino y le dijo: Nos has enseñado la sabiduría cuando creíamos que éramos nosotros quienes la teníamos; porque no hay cosa más importante que una semilla de trigo, no hay cosa más importante que un granito de polen.

Un poco de rebeldía

Se levantó y protestó, pero nadie le hizo caso, bueno, escuchar si le escucharon, hasta que una voz dijo: ¡¡Qué se calle, nos queremos ir a casa¡!
A palabras necias..... , Cogió su paquete de folios verdes, su risa de bosque verde, sus protestas de tala de bosques verdes y se fué.
- ¿Quieres venir conmigo, hija ?
- Si, papa, al fin y al cabo tú luchas por un mundo para nosotros, los jóvenes y para nuestros hijos, un mundo sin humos y con árboles, con especies vivas y no muertas, con los mares y los cielos limpios, con ballenas y águilas imperiales. Voy contigo.
Se sentaron ambos ante la fabrica que vertía al río y les echaron, pero tú les vistes y te uniste y volvieron a sentarse, ya eran tres , y les volvieron a echar y … ahora se sientan doce; pero cortaron el acceso al río y no pudieron volver.
Se fueron a Alemania y cortaron el paso de los misiles a su lugar de ensamblaje. Ya eran cuarenta. Les echaron.
Bloquearon la carretera que llevaba hacia la costa donde un pesquero esperaba residuos radiactivos de centrales nucleares para verter al mar. Eran cien, Les echaron.
Se encadenaron ante el muro de Berlín, pidiendo libertad. Ya eran mil. Les echaron.
Mostraron sus manos pintadas de blanco alzadas al cielo en un gesto de buena voluntad, de rechazo a la guerra, a todas las guerras, a la violencia, a todas las violencias. Ya eran cien miel. Le echaron de allí.
Se manifestaron ante la ONU, pidiendo paz. Era entera, la humanidad.

Es triste llamarse abeto

Y había un bosque que acababa de nacer, cuando una semilla llevada por una urraca negra y blanca se depositó con sus excrementos sobre un suelo no muy fértil, pero donde llovía mucho.
Y pasaron doscientos años
Un joven abeto desafiaba a que todos pudieran vencerle y para ello debían de tener ojos de pájaro ó ser un abeto como él.
- No hay nadie en todo este bosque que pueda ver lo que pasa detrás de aquellas montañas – se decía a si mismo el árbol mas viejo, un eucalipto de mas de mil años.
- ¡Yo lo veré! – dijo el abeto orgulloso – creceré muy alto y os contaré a todos lo que ocurre detrás de esas montañas.
Y el abeto creció, y era el árbol más alto del bosque, el más grande, y se sentía orgulloso , sus ramas y su tronco cobijaban a pájaros, ardillas, insectos y cientos de bichos pequeños, y sus raíces alejaban el desierto gris e inanimado y sus hojas daban oxigeno a los bichos del bosque y de la ciudad, y al morir y caer al suelo lo enriquecían con materia orgánica y daba color, frescura en el verano e impedía que el aíre frío entrara al corazón del bosque, pero había algo que no sabía hacer: No sabría hacerle daño a nadie, sólo sabía crecer, y llegó a crecer tan alto que un día llegó a ver lo que pasaba detrás de las montañas.
Y se sintió mal, no podía respirar bien, un humo asqueroso le impedía ver lo que hubiera detrás de las montañas y otro día al despertar oyó un ruido raro, algo tan grande como él se movía a sus pies, era tan grande como él , si él estuviera tumbado y luego sus pies….. ¿Quién le hacía cosquillas en sus pies?
- ¿Qué ocurre eucalipto? ¿Qué es esto?, dime, tú que eres viejo , lo has de saber. El eucalipto no dijo nada, sólo movió sus ramas. El abeto empezó a tambalearse como un borracho
- ¿Es esto morir, Eucalipto? Alguien tira de mí hacia abajo.
- Es Navidad – dijo el Eucalipto – y tú eres un abeto
- Yo, yo, yo soy un árbol como tú. El abeto cayó con un ruido de muerte helada y arrastró al eucalipto viejo en su caída.
- ¿Es esto estar muerto, Eucalipto?
- Si, joven abeto, ya no podrás tener más hojas, ya no podrás crecer más, los hombres te han matado y como me dijo mi abuelo, eres como un cerdo que va al matadero y ¿sabes porque has muerto? ¡Porque eres un abeto!
- Si, lo sé, tú me enseñaste que yo era un abeto , ¿Pero que es eso de ser abeto? ¿Qué es eso de ser Navidad?
- Te llevaran lejos, yo moriré en nuestro bosque, pero tú te irás lejos y morirás solo, yo me pudriré aquí y volveré a nacer con mis semillas, a ti los hombres te tienen reservado otro final.
Y el abeto empezó a sentir que se movía, que su bosque se iba alejando de él y que no podía hacer nada y pasó mucho tiempo y un día sintió como alguien le volvía a poner de pie y volvió a sentirse orgulloso, pero estaba muerto, esa era la diferencia, era un orgulloso abeto muerto.
Y al mirar a su alrededor vio algo que nunca había visto, pero que eran edificios de una ciudad, el orgulloso abeto muerto no sabía que aquello era lo que tapaba el humo que no le dejaba ver lo que había detrás de las montañas cuando estaba en su bosque y era él el mas alto y grande de todos.
Metieron su tronco en un agujero y le aprisionaron con hierros y cadenas para que pudiera esta tieso y aquello le dolía, primero le mataron y ahora le habían aprisionado, su libertad había volado con sus pájaros, ya era un orgulloso abeto muerto sin libertad.
Y pusieron bombillas y rompieron muchas de sus ramas y aquello le hizo llorar y las bombillas quemaban sus hojas y ni un solo bichejo chico se quedó en su tronco.
-¡Oh! Que bonito está ese árbol de Navidad en la Plaza de San Pedro – Dijeron los hombres – ¡Que adornado¡ , ¡ Como brillan las luces y la estrella de Navidad en todo lo alto¡ , el Papa debe de estar muy contento con él, es el espíritu de la Navidad.
El abeto era muy bonito, pero, solo una cosa, estaba muerto, ¡ Maldita sea ¡ , ¡ Estaba muerto ¡.
¿Cómo el espíritu de Navidad podía estar representado por algo que estaba muerto?
Y un hombre al que llamaban ecologista, gritó:
- No os parece que ya matamos muchos árboles, para que en las Navidades sean talados abetos sin piedad, abetos pequeños, recién nacidos, como niños ¿No son estas fiestas para celebrar el nacimiento de un niño? ¿Por qué entonces lo matáis? ¿Hizo algún daño ese árbol a alguien?. No, por favor, no matéis más coníferas, no matéis más abetos . Hace bonito un árbol ( y habéis escogido el mas grande de todos ) en la plaza de San Pedro. El Papa estará feliz. Por favor, no matéis más árboles. Poner un Belén con figuras de oro, si queréis que quede bonito, o si sois pobres, con figura de barro o sed las figuras vosotros , y llevad un asno y un buey, pero no matéis ningún abeto, no queráis presumir de belleza y de espíritu de Navidad con un árbol muerto, porque el espíritu se lleva en el alma, no matéis más abetos, y escuchad, si decís que la Navidad no es Navidad sin árbol de Navidad, os diré que vosotros no sabéis lo que es Navidad y que un bosque, os lo puedo asegurar, no es bosque si no hay árboles en él. Porque es muy fácil matar un árbol , pero ¿sabéis cuantos años tarda en llegar a ser lo que es y cuantos años le quedaban aún de vida cuando le matasteis?. Más de los que vosotros podréis ver. ¿Verdad que es fácil matar un árbol de un bosque? . ¡Pero cuan difícil es plantarlo y cuidarlo para que crezca y esperar cientos de años a que sea un gigante de madera . ¿Por qué en vez de plantar un árbol muerto, no plantáis un árbol vivo en la plaza de San Pedro de Roma? . Claro, ya se, eso no sería igual, tendría que ser pequeñito y no se podría adornar con luces que se apagan y se encienden y seria una birria de árbol y nadie se acercaría a verlo, pero un abeto gigante si, eso ya es otra cosa. ¡ Que orgullosa está la ciudad de tener un árbol muerto! . ¿Por qué no competís a ver quien planta el árbol muerto mas alto?, Maldita sea, ese árbol es la vida, y lo habéis matado, nadie se da cuenta, parece vivo, porque esta aún verde y parece más hermoso porque esta adornado, y a todas partes del mundo llega la noticia de que un árbol gigante adorna la plaza de San Pedro . ¡Que maravilla¡ . No, diablos, no . ¡Habéis matado un árbol! . Y le hacéis un héroe. Un héroe orgulloso muerto sin libertad.
El abeto no podía oír las palabras, ni entenderlas, sólo sabía que le habían matado, que le habían sacado de su bosque y que no podía hablar con nadie, pero seguía siendo orgulloso y fuerte, le habían matado, pero no le verían morir, seguiría verde y en pie muchos meses.
- Oh, abeto, porque serás tan orgulloso. Estás muerto, pero no quieres morir, tus hojas no se secan, tus ramas no se caen y los hombres creen que no te han matado y sus conciencias estan frescas, si tus ramas se rompieran, tu madera se agrietara y cayeras hecho pedazos los hombres gritarían ¡Está muerto! , ¡Esta muerto! . Y no permitirían que fueses un árbol de Navidad, pero yo y tú lo sabemos , ¡Te han matado!. ¿Sabes que escuche una vez?,. Que los abetos debían de estar orgullosos de ser los árboles de Navidad. ¿Sabes quien dijo eso? , Claro, un hombre y ¿sabes lo que se debe decir en un bosque? : los hombres deben de estar avergonzados de talar un árbol para su Navidad, su fé debe de ser poca cuando la deben mantener con algo muerto , con algo que han matado
- ¿De donde vienes ecologista? – Preguntó una voz.
- Vengo del bosque, de sentarme a la sombra de un abeto y tú , ¿De donde vienes? ¿Quien eres?
- Yo vengo de un pueblo llamado Belén, vengo a llevarme ese abeto muerto